Las alianzas y el anillo de compromiso

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El anillo de compromiso

El novio le da el anillo a la novia para simbolizar su amor sin final, por su forma circular. Aunque hay de muchos materiales, los más comunes están hechos de oro y diamantes, lo que significa que el amor será tan fuerte y puro como esos materiales.

En el pasado, cuando la propuesta era un procedimiento más formal, el futuro novio enviaba a sus amigos o miembros de su familia en su representación para que conocieran a la futura novia y su familia.

anillo-de-compromisoSi ellos veían un hombre ciego, un manco o una mujer embarazada durante su estada, se pensaba que el matrimonio podía estar predestinado al fracaso. Sin embargo, nodrizas de varones, pichones de paloma o de lobos eran buenos signos.

El anillo que recibe la novia en la actualidad, debe llevarlo en la mano izquierda.

Llevar la alianza en el dedo anular de la mano izquierda: Esta costumbre viene porque en la antigua Grecia se creía que la vena de este dedo se comunicaba directamente con el corazón.

La alianza de boda

La costumbre de intercambiar alianzas el día de la boda durante la ceremonia, viene de muy antiguo. En el siglo XIII a.c., los egipcios ya intercambiaban alianzas.

Las alianzas empezaron a usarse en el siglo V, pero costó para que la Iglesia las aceptara como parte de la ceremonia.

En la antigüedad los maridos celebraban un rito para asegurarse de que los espíritus de sus mujeres no les dejaran demasiado pronto. El marido ataba los tobillos y las muñecas de su mujer con cuerdas de hierba con la creencia que esta atadura mantendría su espíritu dentro.  En el tiempo del imperio romano los anillos eran de hierro; los de oro sólo podían ser usados por senadores y magistrados. Luego, la costumbre se expandió a otros estratos socioeconómicos.

Las alianzas empezaron a usarse en el siglo V, pero costó para que la Iglesia las aceptara como parte de la ceremonia.

En la Biblia, ya vemos que en el Antiguo Testamento se pedía la mano de la novia con un anillo. Esta costumbre ha llegado hasta nuestros días. En el siglo IX, el papa Nicolás I, decreta que el hecho de entregar el anillo a la novia es ya una declaración oficial de la intención de casarse.

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